Inundados
A dos años del 15 F
El ruido de la lluvia no es el mismo en las Sierras Chicas desde hace dos años. Escuchar llover encarna, para muchos, intranquilidad, angustia y temor.
Hay un antes y un después de aquel domingo 15 de febrero de 2015 en los habitantes de las Sierras Chicas, cuando el agua y el barro alteraron la vida y el paisaje serrano.
En este tiempo que pasó desde el 15F fuimos conociendo algunas historias nacidas en medio de la inundación, de gente que perdió todo, incluso la vida. Los daños en viviendas e infraestructura fueron millonarios, el agua borró calles, arrasó caminos y casas. Con la ayuda discrecional del Estado, muchas familias debieron reconstruirse desde el mismo barro que los tapó.
Nuestra cooperativa, en su rol de prestador público, se vió gravemente afectada por la inundación. Las redes de agua de barrios enteros fueron destruidas por el agua y el edificio quedó literalmente cubierto de barro. Fueron meses difíciles los que siguieron a aquel domingo, pero el esfuerzo humano fue mayor y en los meses siguientes pudimos comenzar a ponernos nuevamente en pie.
Estos dos años sirvieron, también, para resignificar la tragedia. Los vecinos de las Sierras Chicas no se quedaron con la imagen del “tsunami que cayó del cielo” y se encontraron para rearmarse. Surgieron entonces algunas iniciativas comunitarias y barriales como la Asamblea Permanente de las Sierras Chicas, que alzó el reclamo por los inundados ante los Estados; el proyecto Marca de Agua de la organización Tagua, que trabajó con los vecinos que decidieron perpetuar la marca que dejó el barro en sus viviendas; o la asociación Resurgir de barrio Las Rosas, en Villa Allende, formada por un grupo de vecinos que lucha por reconstituir los lazos sociales y procurar las obras que impidan futuras inundaciones.
La memoria es importante para no olvidar y nos mantiene alertas para no volver a vivir un 15F. Pero también es válido darnos la posibilidad como ciudadanos de transformar la tragedia en encuentro, un mecanismo vital para reconstruirnos. Este nuevo aniversario, nos encontrará como vecinos de la Sierras Chicas tratando de pensar la inundación en términos propositivos porque el agua nos tomó, nos pasó y debemos reconvertirnos